La temporada del sincicial respiratorio ya empezó en esta parte del mundo y llegará a su pico en el invierno, cuando acostumbra saturar las terapias de los centros sanitarios. Si bien el estudio del fármaco de Pfizer no concluyó, está demostrado que los bebés de 81 de cada 100 embarazadas vacunadas lograron evitar las bronquiolitis más riesgosas, es decir, contrajeron a lo sumo formas leves.
Llapur dice que “es de acá”. Acto seguido agrega: “nací en Santa María, Catamarca. Mis padres fueron médicos rurales en un pueblo llamado San José. Después nos instalamos en la capital tucumana. Estudié en el Gymnasium de la Universidad Nacional de Tucumán y, luego, ingresé en la Facultad de Medicina de la misma casa. Hice mi residencia de Pediatría en el Hospital Italiano de la Ciudad de Buenos Aires. Después, Neumonología en el Garrahan. De ahí me fui a los Estados Unidos: trabajé en investigaciones pulmonares en la Universidad de Indiana. Por la familia, volvimos a Tucumán, donde me integré al Servicio de Neumonología del Hospital de Niños y a la cátedra de Investigación de la Facultad de Medicina”.
Si bien aquel primer estudio con vacunas contra la bronquiolitis no llegó al objetivo primario, la experiencia sirvió para que el equipo de Llapur se preparara para lo que vendría después: la pandemia. “Hicimos diferentes estudios relativos a la covid-19 hasta que recibimos uno de vacunas contra el coronavirus basadas en plantas de un laboratorio canadiense. Esto sucedió en mayo de 2021 y fue la primera investigación grande en la Clínica Mayo. Enrolamos cerca de 700 pacientes y la efectividad fue buena, pero, cuando el estudio terminó, ya habían aparecido las cepas que desplazaron a la primera, la de Wuhan, que era la considerada por la vacuna que probamos. Por eso no se avanzó”, comenta el médico. Sin embargo, los testeos que no funcionaron permitieron armar la base para hacer la prueba de Pfizer que sí prosperó y que supone un avance mayúsculo en la batalla contra el sincicial respiratorio.
Los tests farmacológicos que dirige Llapur involucran medicamentos que por lo menos pasaron a la fase dos de desarrollo. La aprobación del estudio no es sencilla: se trata de un trámite de salud pública en el que intervienen al menos seis organismos regulatorios para fiscalizar la conveniencia de practicar las pruebas. “A su vez, el patrocinador del estudio coloca una empresa que hace el acompañamiento. Es decir, todo está muy controlado”, afirma.
La posibilidad de probar nuevos medicamentos tanto en el sector público como en el privado incrementa las posibilidades de Tucumán de intervenir en los estudios porque se trata de poblaciones distintas, según Llapur. No todos los distritos del país disponen de este potencial para desarrollar un ensayo multitudinario, que requiere de una estructura en condiciones de entrar en acción de inmediato. Por lo general, las aprobaciones se logran con la participación de países de los hemisferios norte y sur. “Suele creerse que las investigaciones se hacen en los países pobres, pero esto no es así. En los estudios intervienen los Estados Unidos y Europa”, añade Llapur.
A este esquema global la Argentina aporta tres o cuatro distritos de prueba, entre ellos Tucumán. “La provincia está bien vista y posicionada, en particular con las vacunas. Estudio nuevo que llega, estudio que nos ofrecen. Ello sucede sólo en Buenos Aires, Córdoba y Rosario”, apunta Llapur. En épocas de enrolamiento, tales investigaciones generan casi 100 puestos de trabajo. “Este tipo de estudios es un plus para los individuos que los hacen, pero, también, produce recursos para las instituciones que participan en ellos”, acota.
El médico hace hincapié en las ganancias en términos de calidad y rigurosidad. “Son trabajos que obligan a capacitarse y a someterse a monitoreos muy rigurosos porque no nos olvidemos que intervienen personas que colocan voluntariamente su vida para probar la efectividad de un fármaco. Cuando detectamos un evento adverso, actuamos de inmediato para determinar si está o no relacionado con la prueba. En todas las fases se controla la seguridad del paciente”, manifiesta Llapur. Y añade que, por ejemplo, los técnicos se entrenan en el procedimiento de la Anmat y observan pautas éticas. Consultado sobre el movimiento antivacunas, Llapur recuerda que hoy se puede hacer una vida normal gracias a las medicinas desarrolladas contra la covid-19: “los resultados están a la vista. Nosotros trabajamos para conseguir soluciones que permitan prevenir las enfermedades”. Es lo que, según sus cálculos, disminuirá el impacto del dengue gracias a la vacuna del laboratorio japonés Takeda que acaba de aprobar la Anmat.
En cuanto a su tarea, Llapur está convencido de que generar conocimientos nuevos es la base para el crecimiento de las personas y de las sociedades. Se trata de un emprendimiento permanente. El inmunólogo infantil lo define en estos términos: “es una carrera interminable porque, si debilitamos un virus, seguro que aparecerá otro que ocupará su espacio. Esto es un trabajo inmenso y, por eso, nuestro desafío es sostenerlo en Tucumán”.
